Entre 2020 y 2024 se multiplicó la inversión en equipos de riego por aspersión, pero se debe seguir apoyando con incentivos más generalizados como lo hace Chile, dijo Martín Mattos.
Uno de los manejos más antiguos del hombre sobre la naturaleza es que hace del agua, a través de diversos métodos de riego que con el tiempo se han ido perfeccionando cada vez más.
Lo que no ha cambiado es el objetivo: aplicar agua en los cultivos, de forma uniforme según la necesidad de cada especie para que cada planta en determinada área tenga el volumen que necesita.
Investigaciones arqueológicas consignadas en revistas de perfil científico indican que el riego se ha utilizado desde el año 6000 antes de Cristo (aC), favoreciendo los asentamientos agrícolas e impulsando el modo de vida y de producción de alimentos como lo conocemos ahora. Un lugar clave fue el valle del Indo, una de las civilizaciones primeras junto con la Mesopotamia y Egipto, estas dos mucho populares, donde se desarrolló la irrigación y hasta el almacenamiento artificial de agua.
Uruguay duplicó el ingreso de equipos de riego
Aquí en Uruguay ha ido creciendo la conciencia sobre la necesidad de hacer un correcto uso del agua, motivado por los eventos de sequía cada vez más frecuentes y amenazadores, como por la escasez creciente del agua.
Esos dos factores más las políticas de incentivos fiscales de la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones (Comap), llevó a que en los últimos 4 años haya habido un desarrollo significativo del riego, así corroborado por el director de Recursos Naturales del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), Martín Mattos.
Entre 2020 y 2024 ingresaron al país el doble de equipos de riego por aspersión en comparación con el período 2015-2019, informó dicha Secretaría de Estado.
Ese crecimiento se refleja en un mayor número de equipos instalados en los departamentos de Paysandú, Río Negro, Soriano, San José, Flores, Florida, Durazno, Rocha, Rivera y Lavalleja.
Se destacan Flores y San José por un incremento pronunciado, seguidos por Paysandú, Río Negro, Durazno, Florida, Treinta y Tres y Lavalleja.
Las evaluaciones generales sobre la mayor adopción de equipos de riego son claramente positivas porque “no solo fortalece la seguridad de producción en los sectores agropecuarios, sino que también genera una mayor inversión empresarial, impulsa la madurez tecnológica y amplía los conocimientos técnicos en la aplicación de estas soluciones”, asegura el MGAP.
Mirar el modelo chileno
Martín Mattos considera que Uruguay debe ampliar los beneficios fiscale para generalizar aún más el riego, y citó como modelo a observar y adoptar la legislación chilena que extiende los incentivos más allá de los contribuyentes que pagan IRAE (Impuesto a las Rentas de las Actividades Económicas), alcanzando a los que tributan Imeba (Impuesto a la Enajenación de Bienes Agropecuarios).
Esa medida permitiría que un mayor número de productores, incluyendo los de menor escala, accedan a tecnología de riego y fortalezcan la resiliencia del sector agropecuario, aseguró.
Para instalar un sistema de riego por pivote se requiere una inversión de US$ 4.000 por hectárea, un total importante pero que podría amortizarse en 5 años, gracias a los incentivos fiscales disponibles.