La multisectorial argentina Somos Ambiente se opone al proyecto de hidrógeno verde que se desarrollará en Paysandú por entender que genera numerosos riesgos para Colón (Entre Ríos), una ciudad turística cercana al predio en el que se instalará la planta. En diálogo con La Mañana, Carlos Serrati, ambientalista y miembro de la organización, criticó la falta de consulta por parte del Estado uruguayo al país vecino y advirtió sobre los peligros del metanol y sus efectos en la salud, la economía y el medioambiente.
La multisectorial Somos Ambiente se ha manifestado en contra del proyecto de hidrógeno verde que se va a instalar en Paysandú. ¿Cuáles son sus principales preocupaciones?
Lo que nos genera preocupación es la irrupción de este proyecto frente a Colón, que nos llamó mucho la atención, primero porque con Paysandú hay una relación muy íntima de mucho tiempo; es una relación histórica de convivencia, de acuerdos, de colaboración, de amistad, entonces, sorprende cuando aparece un proyecto de estas características sin una advertencia hacia la sociedad. Por otro lado, ¿de qué se trata esta industria? Lo que apareció como hidrógeno verde, después empezamos a darnos cuenta de que no es tan así, sino que el hidrógeno verde y el dióxido de carbono se van a producir dentro de esta planta para producir metanol. Y a partir del metanol, cuatro combustibles. La preocupación es que se va a producir metanol a 2600 metros de una ciudad como Colón, que tiene como base la actividad turística, cosa que Paysandú no desconoce, porque los sanduceros vienen desde hace muchos años a pasar sus veranos acá. Eso es lo que llamó la atención, una decisión de estas características, de esta naturaleza, sin consultarlo, sin que las poblaciones estén interiorizadas de este proceso.
¿Cuáles son los riesgos a los que creen que estarán expuestos por encontrarse en una zona aledaña al predio en el que se instalará la planta?
El metanol es una sustancia bastante compleja, es tóxica, tiene la particularidad de ser muy inflamable, es explosiva; tiene una serie de consecuencias negativas hacia el exterior, que se agravan cuando gasifica. Empezamos a recibir todo este tipo de información, a consultar con distintas universidades sobre las consecuencias que esto puede generar a la salud de la población, los efectos psicológicos, económicos y en la sociedad en general. Ahí ya comenzamos a tomar dimensión de que la cosa era muy compleja y a reclamar la relocalización, y si es posible que se ubique lejos del río Uruguay. Nosotros no podemos influir en las decisiones políticas y económicas de Uruguay, sí podemos señalar que esto nos puede generar un perjuicio, porque Colón y su región no tienen por qué convivir con esto o recibir sus efectos negativos. Notamos una especie de imposición. ¿Qué fue lo que pasó por la mente de los que toman las decisiones para ubicar esto ahí? Es una gran interrogante que tenemos, siendo que hay una relación muy estrecha con Paysandú.
Le preguntaba por los riesgos…
Lo que nosotros observamos es que se puede producir cualquier contingencia negativa en la planta, ya sea una pérdida, una rotura, una falla, un accidente que tenga que ver con una fuga, y eso es un riesgo y no sabemos qué magnitud puede llegar a tener. A veces sucede que la rentabilidad no es la adecuada y en ese caso los primeros recortes van a ir a los procesos de mantenimiento de la empresa. No lo decimos nosotros, nos lo han explicado ingenieros y profesionales de las áreas industriales. Y cualquier situación que pueda provocarse en la planta viene indefectiblemente hacia Colón. Entonces, ahí hay un problema que tenemos que analizar. Tenemos una gran incertidumbre, porque no sabemos cuándo va a pasar eso, qué características va a tener, si va a afectar a la población o no. Se desconoce eso y no hay garantías. Después está lo que significa la transformación del paisaje. Hasta hace no mucho tiempo, esta área enfrente a Colón era área natural protegida por el Estado uruguayo, y eso cambió de un día para otro. A partir de ahora no va a haber un área natural protegida, va a haber una industria que va a producir combustibles todos los años.
Mencionó también los efectos económicos. ¿Cómo puede impactar en ese aspecto?
La pregunta que nos hacemos es, con la refinería enfrente, ¿va a venir más turismo o menos? La conclusión es bastante obvia. Por ende, eso va a tener una afectación económica, lo que va a traer consecuencias sociales. Y cuando la gente busca mejores condiciones, empieza a migrar, de esa forma baja la proporción de contribuyentes y comienza una degradación del aparato productivo de la zona. Entonces, ante la implementación de este tipo de industria, la región no se beneficia absolutamente en nada y asume riesgos. A su vez, por el contrato de confidencialidad que firmó HIF Global con el gobierno de Uruguay, hay cosas que no se conocen todavía. Lo que conocemos ya nos preocupa, por lo tanto, lo que desconocemos nos preocupa más.
¿Cómo ha sido el proceso de la organización para hacer estos planteos ante las autoridades?
Esto lo venimos planteando desde fines de diciembre, hemos tenido distintas reuniones con la academia, la industria, el sector turístico, las inmobiliarias, y todos comparten esta preocupación. Esto se fue traduciendo hacia la institucionalidad política y se empezaron a tomar cartas en el asunto. Nos llamó la atención que no haya habido una política para advertir lo que podía pasar. Si la comunidad a través de los vecinos no empezaba a movilizarse, esto habría quedado muy quieto. Esto se vio como un proyecto de hidrógeno verde, lo cual tiene un valor en sí mismo porque ese concepto implica un adelanto tecnológico, un desarrollo científico, la ciencia que se instala para el cambio de la matriz energética. Pero, en definitiva, acá se está hablando de una sustancia que es compleja y muy difícil de manejar. A raíz de eso empezamos a juntarnos, a analizar esta situación, y llegamos a una serie de conclusiones. Esto fue entendido por la política institucional de la provincia de Entre Ríos, por los distintos intendentes de la región, y se plasmó en una reunión reciente entre legisladores provinciales, legisladores nacionales, el gobernador, los distintos intendentes y representaciones de vecinos, donde se coincidió en que hay que pedir la relocalización al Estado uruguayo. Días atrás se reunieron el gobernador Rogelio Frigerio y Yamandú Orsi y conversaron sobre este tema. Creo que no hay más explicaciones que dar al respecto. Hay una comunidad que se siente amenazada, que se siente en riesgo y vulnerable a este tipo de situaciones, y habrá que tomar una decisión. No es tan difícil en este momento.
¿Cómo ha sido el trabajo en conjunto con grupos ambientalistas de Uruguay?
Estamos hablando con distintas organizaciones de Uruguay, de Paysandú. Hay gente que no quiere saber nada de este tipo de industria. Hay promesas de trabajo y de mejoras sociales, cuando sabemos que eso no sucede. Son las expresiones de la gente con la cual estamos en contacto permanente, que directamente no quieren que se instale esta planta, apuestan a otro desarrollo en el país. Nosotros creemos que esto de las inversiones extranjeras, que prácticamente no comparten su rentabilidad, es un tema que hay que analizar y rever. Por las condiciones económicas de estos países se hace necesario este tipo de aperturas, pero algún límite tiene que haber, y ese límite lo tienen que poner los pueblos a través de sus representaciones, que a veces no están a la altura o no responden a las expectativas de la gente. Confiamos en que en algún momento toda esta situación pueda comenzar a revertirse.