A 300 años del proceso de fundación de Montevideo, el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay publica el libro Montevideo. Aportes para su estudio, con contribuciones académicas para abordar distintas dimensiones de la ciudad y su población. En entrevista con La Mañana, el embajador Juan José Arteaga analizó el contexto regional y las características del macrocefalismo montevideano.
¿Por qué la idea de publicar este libro?
El Instituto Histórico y Geográfico como academia de la historia quiso hacer un aporte a los 300 años de Montevideo y le pedimos a los miembros del instituto que lo hicieran con entera libertad de cátedra. El libro tiene el subtítulo “Aportes a su estudio” porque no quiere ser una historia de Montevideo, sino una suma de trabajos fruto de los investigadores. Creo que Montevideo merece ser mejor y más conocido.
Nosotros no ponemos una fecha de creación porque efectivamente fue un proceso. El instituto en 1919, a pedido de la Intendencia, había hecho el primer informe –que ahora publicamos en el libro como apéndice– donde, de acuerdo con los conocimientos de la época, sostienen que la ciudad existe cuando llegan los pobladores, o sea, en el año 1726. La Intendencia tomó esta fecha siempre hasta que ahora, por distintas razones, tomó el año 24, el de la primera ocupación, que fue militar. Luego vienen los primeros pobladores, llega Burgues y también los indios guaraníes a pedido de Zabala para ayudar a construir las murallas, porque ya Montevideo nace con el signo de una ciudad estratégica, un enclave militar para frenar el avance portugués.
En el libro se explica que Montevideo surge por un conflicto internacional, pero de forma tardía. ¿A qué se debió?
Surge por la rivalidad hispano-lusitana, y digo que surge tarde porque hubo intentos en esta Banda Oriental de fundar más hacia la costa de Colonia y Soriano centros poblados que todos fenecieron a los pocos meses o años. La primera ciudad europea es Colonia del Sacramento. Entre 1680 y 1724 pasó mucho tiempo, por eso fue una tardía fundación. La mayoría de las ciudades hispanoamericanas fueron fundadas en el siglo XVI y XVII.
Señala también que el “motor del crecimiento de Montevideo ha sido el comercio”. ¿Cómo pasa de enclave militar a puerto comercial?
Cuando se funda Montevideo no existía la pragmática de libre comercio, que es de 1778. Ahí se habilita a Montevideo y Buenos Aires al mismo tiempo como puertos para comerciar con todos los puertos habilitados en España. Y efectivamente el comercio es lo que trae la riqueza y el progreso. Es curioso cómo la fundación de Montevideo, plaza fuerte y puerto comercial después, lleva el signo de la capitalidad ya en sí, en la administración. Después, desde Montevideo se van a ir fundando otros pueblos, muy lentamente, porque recién se funda la ciudad de San Fernando de Maldonado en 1755 por obra del primer gobernador de Montevideo, Joaquín de Viana, pero a raíz del Tratado de Madrid –o de la Permuta– porque el primer mojón estaba en Castillos y había que poblar Maldonado antes de que los portugueses siguieran avanzando. Pero no hay fundación hispánica al norte del río Negro, salvo las Misiones Jesuíticas. Y como lo demás eran estancias de las Misiones, no hay. Este poblamiento fue realmente un proceso tardío, del siglo XVIII, de la Ilustración y las nuevas ideas, del reformismo borbónico también, entonces España se expande en ese siglo en la California norte con los franciscanos y la otra frontera, más que de expansión fue defensivo, que fue en el Río de la Plata, la única frontera de fricción, de contacto humano permanente y a su vez comercial, ilegítimo, el contrabando o directamente el robo.
¿Qué destacaría del proceso de poblamiento de Montevideo?
Es muy interesante porque es gente valiente, sin duda, la que se anima, las primeras familias que llegan de Buenos Aires al fracasar en el proyecto Patagonia, después vienen en mayor número de las Islas Canarias. Entre las primeras familias está la de Artigas, lógicamente, pero lo importante es que esos pobladores reciben un solar en la ciudad, una suerte de chacra pasando el ejido y luego una suerte de estancia. Entonces allí se va creando una producción, que es la ganadera, fundamentalmente, en principio por los cueros, único producto de exportación, más adelante se va desarrollando el tasajo. Pero primero son sociedades ganaderas, con su casa en el centro, en lo que era el territorio del Cabildo de Montevideo, que era pequeño. El resto del sur del río Negro pertenecía a Buenos Aires, inclusive Maldonado, porque el límite era el cerro Pan de Azúcar y cuchilla de Sierra de las Ánimas. Luego en la medida que esa sociedad se va desarrollando va apareciendo la necesidad del comercio, del trueque, de la importación, primero muy limitado por el sistema español, pero un comercio casi imposible de negarlo o prohibirlo con la llegada de barcos portugueses, ingleses o franceses. No hay duda de que el crecimiento de Montevideo desde el punto de vista socioeconómico se da en el último cuarto del siglo XVIII y sigue a principios del XIX, hasta que viene la crisis revolucionaria.
También Montevideo se va nutriendo de distintas oleadas de inmigrantes que van configurando los barrios…
Si bien siempre hubo inmigrantes, el boom de la inmigración empezó después de 1830, ya con el país independiente. La Guerra Grande lo demuestra también, con la intervención franco-inglesa, la presencia de italianos –cuando Italia no existía– y la internacionalización a través del comercio de esta sociedad portuaria. También hay que ver lo que fue la humildad de la fundación de Montevideo, la pequeñez con 200 colonos que llegan y lo que se demoró en construir la muralla todo el siglo XVIII, la fortaleza del Cerro se inauguró en 1801 como parte del sistema defensivo. La primera escuela es de los jesuitas, la primera misa la celebra un jesuita que viene con los guaraníes. Nosotros éramos el puerto fortificado que España tenía en el Atlántico Sur, pero evidentemente cuando nos independizamos no podíamos incidir en nada porque era un Estado débil, muy poco poblado, no tenía riquezas de oro ni de plata y no tenía grandes culturas como las indígenas de Perú o México con otras realidades. El Uruguay es un gran acto de sobrevivencia todo el siglo XIX. Los jesuitas dejaron a los guaraníes…
O sea que podría decirse que dejaron un arraigo con lo americano, antes de las oleadas inmigratorias.
Con todo lo americano que es similar, porque al ser los guaraníes sedentarios, agricultores, artesanos, arquitectos, músicos y cristianos entran en lo que podríamos llamar la gran cristiandad de América hispana. Esos guaraníes que siempre hubo en la Banda Oriental y que después hay que recordar que Fructuoso Rivera en 1828 trae un grupo grande, no se sabe exactamente el número. Óscar Padrón Favre hizo un trabajo sobre la sangre indígena en el Uruguay donde señala el peso guaraní en todo el centro del país, en Durazno, Tacuarembó, toda la parte norte. Y el jesuita guaraní trae además la costumbre de la yerba mate, también el poncho.
También se menciona en el libro el tema del macrocefalismo de Montevideo. ¿Cómo se fue consolidando este fenómeno?
Como toda ciudad, es una ciudad en movimiento, en cambio, en transformación. Evidentemente la producción básica, que vino en parte también de las estancias jesuíticas y las costumbres, era la ganadería y el mundo rural, que había que irlo poblando, haciendo caminos, etc. Luego vienen los ingleses y el ferrocarril, que es un factor de la macrocefalia de Montevideo, porque todas las vías férreas conducen al puerto exportador. Inglaterra tenía el ferrocarril, los frigoríficos que estaban en el Cerro, los barcos, las empresas de seguros, el banco de Londres y todo dirigido al mercado británico. El puerto incide en el macrocefalismo. El inmigrante europeo se queda mayoritariamente en Montevideo, algunos, como pueden ser los de origen vasco, que son pastores ganaderos pueden ir más al interior, algunos italianos por el comercio en el litoral o la frontera. Pero la mayoría se centra en Montevideo y alrededores. Y considero que el batllismo, con las empresas estatales y en la medida en que favorece la industrialización que se acrecienta en el período de Luis Batlle con Industrialización por sustitución de importaciones, hace que la población rural siga viniendo a Montevideo. Hay que tener en cuenta que ya con el alambramiento de los campos, que fue acelerado en tiempos de Latorre y Santos, había población rural que emigra hacia Entre Ríos o hacia Río Grande del Sur, también a Montevideo. Además, es el centro político de los tres poderes del Estado. Todo confluía a Montevideo y sigue confluyendo y yo creo que es un debe del país, cuya crisis más difícil de solucionar es la demográfica.
¿Cómo rescatar el pasado ayuda a proyectar el futuro para Montevideo?
Creo que para proyectar el futuro siempre hay que profundizar más en el pasado porque hay que conocer más la realidad y por qué el hoy es lo que es. Pero también hay cuestiones prácticas como el artículo del geógrafo Carlos Paolino titulado “Algunos arroyos y cañadas escondidos de nuestro Montevideo” que es muy importante por el tema de las inundaciones, algo que no se planificó nunca, porque se taparon o canalizaron los arroyos, pero cuando vienen las grandes lluvias se desbordan. En el libro hay una visión fundamentalmente histórica, pero son temas de futuro. Hay otra cosa que es muy actual que es el del nomenclátor urbano que a veces se cambia el nombre de calles sin sentido y se pierde el valor testimonial. El primero de la República lo estableció Andrés Lamas al resaltar los valores de la independencia y la república en nuestra historia con las calles 25 de agosto, 25 de mayo, Misiones, las tres batallas de Rincón, Sarandí e Ituzaingó que se ganaron a Brasil, Reconquista y Brecha a los ingleses. Inclusive la profesora María Emilia Pérez Santarcieri habla de un problema moderno porque antes estos temas se planteaban a la Intendencia y la Junta Departamental lo aprobaba, pero ahora intervienen cada una de las alcaldías, generando un problema que habría que solucionar.
Presentación del libro
El lunes 1º de abril a las 18:30 horas será la presentación del libro Montevideo. Aportes para su estudio, en la librería Linardi y Risso (Juan Carlos Gómez 1435) con entrada libre.
Este libro además es un número de la Revista del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, que empezó en 1920 y es la única revista de historia que sigue abierta desde aquel momento.