Las lluvias ayudan a lograr una buena soja, pero el precio sigue siendo bajo y no hay perspectivas de que cambie. Los productores están atentos a cualquier variación al alza mientras trabajan para lograr los mejores rendimientos.
La Cooperativa Agraria de Mercedes (Calmer) es una de las instituciones referencia de la agropecuaria en la zona núcleo de nuestro país. Con 64 años de trayectoria y 300 socios, la mayoría de ellos medianos, su zona de influencia está en el centro norte de Soriano y el sur de Río Negro.
Los productores con los que trabaja la cooperativa son fundamentalmente agrícolas y agrícola-ganaderos en la producción de carne, pero también con alguna presencia de tambos y ovinos. Calmer integra las Cooperativas Agropecuarias Federadas (CAF).
La Ing. Agr. Carolina Silveyra, del departamento técnico de Calmer, dijo a La Mañana que para la cooperativa el cultivo de verano más importante es la soja, y el segundo el maíz, con el sorgo perdiendo mucha área, aunque este año tuvo una recuperación sin llegar a ocupar un lugar predominante.
Sobre la soja de primera, comentó que “está en pleno período crítico, con la formación y llenado de grano, y por suerte durante febrero, que es un mes determinante, se dieron muy buenas condiciones” dejando al cultivo en una posición “inmejorable desde el punto de vista hídrico”, a pesar de que “en enero se pasó por un estrés bastante importante”.
Que se dieran lluvias “significativas” en el período crítico, con “150 milímetros y más” según la zona, deja a los cultivos “en óptimas condiciones”, insistió Silveyra, y aclaró que “solo hay una pequeña proporción de estos, en el entorno del 8%, de la soja de segunda, que fueron tardíos y se sembraron en seco, seguidos de más de un mes sin llover”, lo que generó que “no se establecieran bien”.
“En general, la soja de segunda está en floración y las que fueron sembradas en fecha están muy bien, pero esas chacras tardías tienen otro resultado, y como es un porcentaje muy menor no va a tener mayor impacto en los promedios de la zona o a nivel nacional”.
Respecto a si las lluvias pueden ayudar a la recuperación de esas sojas, Silveyra explicó que las precipitaciones “algo compensan”, pero se necesita un número mínimo de plantas para tener un cultivo con un rendimiento que permita salvar los costos, y “por debajo de ese mínimo no es posible” porque “se parte de una situación de baja de población”.
Un negocio complejo
En cuanto al área de la soja, Silveyra dijo que hubo un pequeño descenso. “Esta es una zona que hace mucho el doble cultivo, y en comparación al año pasado tenemos menos hectáreas, pero igualmente sigue siendo el cultivo más importante”.
Al analizar el área plantada no se puede dejar de lado “el negocio que se perfila bastante complejo” por la combinación de “los costos y un precio bastante bajo”, que además presenta una “perspectiva de continuidad”. Todo indica que “en el mediano plazo seguiremos con precios bajos”.
El precio es uno de los datos que el productor maneja cuando decide qué cultivar. Algunos optan por “dejar la soja para las áreas que aseguren mayor rendimiento, y las áreas más marginales las pasan a ganadería”.
“Se necesitan muchos kilos por hectárea para que el negocio sea rentable”, subrayó. “Los especialistas nos dicen que hay que estar atentos a cualquier cambio en los precios, porque en cualquier momento puede haber un número mejor y no hay que distraerse para poder tomarlo, aunque todo apunta a que será bajista”.
Sobre los costos, Silveyra dijo que “se van manteniendo” e incluso ha habido alguna baja. El problema está en el precio de la soja porque obliga a más kilos de producción para tener un mejor margen. La productividad es fundamental y por suerte el clima va ayudando. Aunque falta recorrer un camino largo, pero todo apunta a que vamos a tener los kilos necesarios”.
El precio de la soja es de US$ 356 la tonelada, con algún pico de US$ 370 a principios de mes, pero “estamos lejos de valores más importantes como en otra época”, añadió. Con ese valor la producción de equilibro es de unos 2300 kilos.
El maíz con rendimientos no del todo buenos
El área del maíz de primera “es poca y ya algo se empezó a trillar” con la condición de que “tuvo buenas condiciones hídricas, pero en el último período de llenado estuvo seco y con estrés térmico, lo que influyó en un rendimiento que no ha sido del todo bueno” con unos “6500 o 7000 kilos”.
En el maíz de segunda el área es más importante, pero con “menor potencial de rendimiento”. Estos maíces “han recibido muchas precipitaciones, en especial en el período de la floración, así que es de esperar que anden bien”.
El precio del maíz “es muy variable”, con valores “de US$ 200 cuando empezó la cosecha de primera, pero después empezó a bajar”. Actualmente la tonelada está en el entorno de los US$ 180.
Con esos precios, el rendimiento de equilibro para el maíz de primera es, “por lo menos, de 7500 kilos, y para el de segunda 5000 kilos”.
En cuanto a la presencia de chicharrita, Silveyra dijo que no se ha detectado y las trampas que se colocaron en la zona dan tranquilidad; a su vez añadió que el riesgo pasó “porque los cultivos ya superaron el período susceptible, así que por este año podemos estar tranquilos”.
Esa tranquilidad no significa distraerse: “El año pasado la chicharrita nos tomó por sorpresa y cuando tomamos consciencia el daño ya era mucho. Ahora se monitorearon las chacras, se informó sobre las mejores prácticas y cómo abordar la problemática”.
“No hay materiales resistentes para la chicharrita, pero sí un ranking de los que se comportan mejor y productos que se pueden utilizar en los primeros estadios del ciclo del maíz para hacer el control del insecto”, todo lo que ayuda para el mejor manejo.
De todas formas, “lo que sin dudas prevaleció el año pasado fueron las condiciones del invierno anterior”, apuntó, “no es común” que la plaga “llegue al nivel que llegó”. Este año “el problema persiste en el norte” del país, donde hay condiciones más propensas.
Distinto es el problema de pulgón en el sorgo, que no desapareció, pero en este caso “sí hay materiales tolerantes y productos eficientes para el control”. Lo que la chicharrita y el pulgón tienen en común es que “cuando aparecieron no estábamos preparados para actuar de inmediato”.
Seguros y riego
El pasado fin de semana productores de parte de Río Negro y de Paysandú se vieron afectados por granizo y viento con pérdidas importantes en producción e infraestructura en los establecimientos.
La Ing. Agr. Silveyra dijo que más allá del golpe económico que eso significa, eventos de esa naturaleza tienen un “impacto muy negativo en quien lo sufre desde el punto de vista humano”. Reflexionó sobre si “estamos preparados para un día tener una producción en marcha, contar con instalaciones en las chacras y al otro día no tener nada. Cuando eso pasa, ¿cómo se puede seguir en la producción?”, se preguntó.
El tema está muy vinculado a los seguros agrícolas que los productores toman como un insumo más, pero en los últimos tiempos se ha complicado por rendimientos que “cubren determinados kilos y si no se logran se paga la diferencia entre lo producido y lo contratado”. Lo que sucede es que “con los últimos eventos de sequía las aseguradoras están tomando medidas con seguros de rendimientos que son bastante menos que lo que uno necesita. Por ejemplo, este año cubren 1100 y algunos 1300 kilos, y eso no alcanza el costo”.
Respecto al riego, Silveyra comentó que es una tecnología que se está usando cada vez más. “Uno va por la carretera y se ven pivotes de riego nuevos por todos lados”, lo que es positivo porque “el riego permite tener un seguro de agua” y por eso “los productores buscan esta tecnología, frente a eventos de sequía que cada vez son más seguidos en el tiempo y más profundos en la intensidad para los cultivos”.
La sequía “no es el único evento que afecta la producción, pero sí la que más pérdidas ha causado últimamente”, mientras que fenómenos como el granizo son “más localizados y puntuales, la sequía se extiende más el territorio”.
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