Dedicó más de 50 años de su vida a la búsqueda de la expresión plástica de su cultura, creencias y pensamientos. En entrevista con La Mañana Gustavo “Pollo” Vázquez -artista uruguayo- gran admirador del pensamiento rodoniano, habló de su pasión por la creación artística.
Háblanos de esta donación de un políptico tuyo a la nueva sede de la Universidad Católica en Montevideo. ¿Cómo se dio?
Esta obra que vengo de donar a la Universidad Católica para el nuevo edificio San José consta de cuatro paneles de 240 cm x 120 cm y fue creada para acompañar mi muestra en el Museo Nacional de Artes Visuales, pensada para ese gran espacio. Durante tres meses fue frecuentada por muchísimo público. Me entusiasmaba sobremanera cuando venían delegaciones de estudiantes, escolares o liceales de Montevideo e interior, dialogaba con ellos, sentía que podía sembrar. Preguntaba cómo había sido el encuentro con mis creaciones y era frente a esta obra al fin del recorrido que dialogábamos. Fue tal vez lo más emocionante y enriquecedor de la muestra. Terminada la exposición me entregan el gran políptico. Tal como llegó embalado del museo así quedó guardado en una vieja portería en desuso del edificio Golino donde yo la pintara… Llegó la pandemia y pasaron los años. Buscarle un lugar definitivo pasó a ser una de mis preocupaciones prioritarias consciente, con casi 82 años, de que es hora de dejar todo ordenadito. Escuché que en la Universidad Católica Dámaso A. Larrañaga estaban abiertos al acercamiento con el arte, tomé coraje, pedí una cita con el rector y me fue acordada. Así se fue encaminando. Además, considero sumamente enriquecedora la presencia de obras de arte en las instituciones educativas. En todas debería estar presente el arte tal como se está haciendo en esta oportunidad.
¿La frecuentación con el arte oficia de estímulo? ¿Ese fue tu caso? ¿Y el apoyo de docentes, mentores y, en especial, la familia?
Por supuesto que la frecuentación de las diferentes disciplinas del arte es un estímulo enriquecedor para el crecimiento de toda persona. Afortunados quienes los reciben desde el hogar o quienes han tenido la suerte de tener maestros o profesores que los fuesen iniciando. Recibí estímulos desde mi casa y también en la escuela. Tuve los sueños de todo niño, tras leer Cazadores de microbios de la biblioteca de mis padres soñaba con ser investigador y me fabriqué un microscopio desarmando lentes de una maquinita de dar cine. En mi escuela habían comprado un microscopio electrónico y aquello era una locura, buscaba protozoarios en todos los charcos. Me encantaba jugar al fútbol, pero también me concentraba dibujando y pintando. Lo que sabía desde niño es que de más grande estudiaría una carrera universitaria, así como mis hermanos… pero el hombre propone y Dios dispone.
La vida me iba presentando su menú. Tras el fútbol vino el rugby y me apasionó. Cuando quise acordar estaba jugando en primera división del Carrasco Polo y en 1961 salimos campeones y entré en la selección nacional para el Sudamericano de ese mismo año que se jugó en Uruguay. Estuve en el banco, no me tocó entrar, pero fue un impresionante estímulo. En 1957 entré en la Academia de Arte de los Padres Conventuales, franciscanos, para estudiar pintura con Lino Dinetto, excelente pintor italiano que marcará profundamente mis primeros pasos en el camino del arte e irá cimentando esa futura carrera que yo abrazaría unos años más tarde tras regresar de un viaje de siete meses a Europa y Egipto con un grupo de dicha academia. Durante ese viaje cumplí los 20 años en Roma y fue allí donde decidí que sería artista pintor, costara lo que costara y si no lo lograba en Uruguay me iría para Europa, donde veía que un artista pintor podía tener su lugar de respeto y aceptación. Claro que tras el retorno dialogué mucho con mis padres para que aceptaran y comprendieran esa aventura de vida que yo estaba decidido a encarar. Era verano del 63-64 y me puse de novio por febrero, de forma que al volver a Montevideo arranqué con una vida ordenada, pintando en mi primer taller fuera de la casa paterna, en la calle Francisco Vidal pegado al Castillo Pittamiglio en la planta baja de un viejo caserón de una familia amiga de mi novia. Allí comenzó mi vida de pintor, trabajando con disciplina y haciendo también vida de deporte, jugando en la primera del Polo.
Debo decir que en ese viaje de 1963 tuve otra prueba personal de desafío conmigo mismo. Retornado de Egipto cruzamos el Canal de Corinto, llegamos a Atenas, de allí a Roma, y el grupo retornaba a París para vender la Kombi y luego embarcarnos en el Havre para Montevideo. Me separé del grupo y munido de una valija en que escribí Roma-Madrid y a la que le pinté nuestro pabellón, arranqué a dedo en solitario y tres días después llegaba a Madrid tras un viaje increíble de encuentros. Especialmente el del último día en que hice dedo en la plaza Calvo Sotelo de Barcelona (pleno centro) y me llevó un Citroën DS de un francés que resultó íntimo amigo de otro francés que era pilar de mi equipo en Uruguay… y había vivido en Pagola y la rambla, ¡a cuatro cuadras de mi casa! Ese desafío a mi osadía me fortaleció para afrontar con mayor certeza la carrera que yo debía armar a partir de entonces.
Me jugué a todo por el todo, la docencia no era mi vocación, quería ser un pintor. Y me llevó la vida, y fue disciplina y continuidad en el trabajo, y más trabajo y ser auténtico y no dejarme marear por las corrientes de moda, de forma que opté ir por mi trillo, trabajando desde la intuición, buscando con humildad. Cuando menos lo esperaba empecé a tomar conciencia de ese acceso a lo que imagino que es como un canal de energía donde nacen las obras que no son fruto solo del oficio, sino que llevan un aditivo especial: ese que llamamos inspiración, y son esas obras que nos sorprenden y nos estimulan a seguir adelante.
Háblanos de los primeros estímulos, ¿Cómo fue la influencia de Lino Dinetto, profesor del Instituto de Bellas Artes de San Francisco de los Padres Conventuales? ¿Nunca te tentaron con otras actividades?
Te diré que Dinetto fue para mí todo un ejemplo en esa etapa de juventud y me transmitió conceptos que escapaban a la clásica línea nacional torresgarciana. Vi en ese joven artista italiano un ejemplo de vida, tenía esposa y dos pequeños, una linda casa por detrás del Molino de Pérez y era muy exitoso en su pintura, un “despegado” al decir de los jóvenes de hoy.
No imaginé otros caminos de expresión artística fuera de la pintura… bueno, en París del 67 y 68 creo que iba todas las noches a la cinemateca Trocadero y el cine pasó por mi cabeza, pero cuando averigüé que había dos escuelas y para entrar en ellas había que tener padrinos, me quedé tranquilo junto a mi caballete.
Hoy día, con tu atelier en Manantiales y otro en Montevideo para tu trabajo menos “oleoso” ¿sigues pintando con el mismo afán? Sin duda eres de los pocos artistas uruguayos que pueden considerarse exitosos por poder vivir de la pintura. ¿Cómo fue tu estrategia para que desde tus recorridos juveniles con tus catálogos tus obras hayan sido valoradas y demandadas?
Mi taller principal es hoy el de Manantiales. Tuve muchos, en mi carrera, pero este es especial. Está dentro del jardín, sencillo y suficiente en escala, me permite una convivencia intensiva con mis obras. Tú preguntas cómo es entrar en el circuito de las galerías de interés en las grandes capitales, es como sacar el 5 de Oro, pero sabiéndose ubicar y con paciencia; así se me dio en algún caso y otros fueron golpes de suerte. Por supuesto que en mis años vividos en Europa y las muestras realizadas en EE. UU. estaba frente a un público con otra formación y mi pintura tenía aceptación. Luché mucho acá por imponer el lenguaje de la abstracción, es más, sigo luchando por lo que creo.
¿Cómo ves el arte pictórico hoy día? ¿Te gusta el arte digital? ¿Qué le aconsejarías a los jóvenes artistas, deben insistir o caer en lo comercial y vendible?
Hoy está de moda ese tipo de arte. En las redes se ven grandes despliegues de obras en parte copiadas de aquí y de allá, fórmulas simpáticas sin alma, tipo láminas chinas abstractas de sala de espera de hospitales privados. A otra de tus preguntas contesto que aquel que complaciendo al público pinta para ganar dinero, si es muy habilidoso y talentoso quizás pueda ganar mucho dinero, pero nunca será un artista.
¿Alguien te asesora hoy? ¿Usas redes, es difícil ser tu propio marchand?
Yo no tengo asesores ni marchands. Nunca tuve asesores y los marchands todos murieron… parece un tango [risas]. Me encantaba trabajar con buenos marchands y sí que los tuve. Yo no soy marchand de mis obras: soy solo el creador. En redes, lo más que incursiono es en forma muy casera poniendo alguna imagen en Instagram.
¿Pasaste por varios estilos? ¿Qué es lo que no cambia y tiene tu marca estilística? ¿Cuáles fueron y son tus maestros y referentes? ¿William Turner porque pintaba paisajes a toda velocidad?
Si ves pinturas o dibujos de mi juventud ya muestran un estilo, un tipo de toque del pincel, de uso de la espátula, de la gestualidad tanto en obras matéricas como pinturas más controladas se ve de lejos y se reconoce: es un Vázquez. Eso es el estilo. Claro que se fue transformando con los años, pero se reconoce el autor.
Mis admirados son muchos, digamos que todos los creadores aportan algo en el largo rosario del arte, pero tú lo mencionas y yo lo he dicho: creo que es W. Turner quien da un salto incorporando la visión del paisaje a velocidad que luego todos incorporaremos y da un paso hacia la abstracción muy importante en sus acuarelas venecianas de síntesis tipo oriental que para mí al menos fueron un grandísimo aporte. Y está Rembrandt color materia y luz y un dibujo superior; Monet con el color de Marruecos y la costa azul; Picasso con su fuerte en composición y en blanco y negro y más y más y todos, una larguísima cadena que es la historia del arte.
¿Cómo te ves? ¿Qué características reconoces más allá de tu empecinada búsqueda artística: tenaz, trabajador, exitoso, bohemio, hombre de fe, rodoniano? ¿Cuál es tu sentimiento al enfrentar el lienzo en blanco?
Soy un hombre de Fe tengo 81 años y día a día intento enfrentar el desafío de crear frente a una tela en blanco. De volver a vivir volvería a optar por el arte, no dudaría.
En cuanto a Rodó, sin duda soy rodoniano. A vía de ejemplo te copio esta excelente y sabia reflexión de Rodó que figura en la Pág. 33 de mi catálogo Luz del Sur: “la mejor obra es la que se realiza sin las impaciencias del éxito inmediato” José Enrique Rodó (1871-1917).
Para finalizar rescatamos 5 pensamientos tuyos para que hoy los ratifiques, cambies o complementes.
a) Artista se nace. Si se sabe preservar y motivar a las personas, no se pierden los dones.
b) Los artistas somos libres, pero debo reconocer que a veces es difícil manejar la libertad. Siempre pinté desde la libertad de mi creación. Nunca me propuse la búsqueda del éxito medida a través de la riqueza.
c) La educación en arte es fundamental, lo importante es que los docentes de escuelas sepan de arte y que no sea la artesanía dirigida constantemente. Hay que incentivar la auténtica creatividad del niño para que desde ahí crezca.
d) La soledad en el trabajo del artista no significa para nada una desconexión con la realidad, todo lo contrario. El artista es un testigo de su tiempo y está llamado a trabajar desde la libertad.
e) Para mí la pintura es un acto vital, una forma de comunicación con los otros intentando interpretar la impronta estética de mi época.
Mi respuesta: Las ratifico totalmente tal como están formuladas.
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